EFECTOS DEL FRÍO EN EL COCHE: SE CONGELA EL DIÉSEL Y LA BATERÍA PIERDE AUTONOMÍA

Las bajas temperaturas pueden afectar de forma importante a nuestro vehículo. Aunque en algunos caso haga falta que los termómetros bajen bastante por debajo de los cero grados, conviene no olvidad que tanto el combustible como las baterías se pueden ver afectadas.

Por ejemplo, el diésel se puede llegar a congelar si la temperatura desciende de los 10 grados bajo cero, tal y como está sucediendo durante estos días en algunas localidades españolas. Más complicado es que pase lo mismo con la gasolina, ya que su punto de congelación se sitúa en -107 grados centígrados.

La obstrucción por la congelación del gasoil en frío se produce a -15ºC aproximadamente, a causa de las parafinas del gasóleo que empiezan a cristalizarse a -10ºC, llegando a obstruir filtros y tuberías.

En la práctica, por la calidad del gasoil, la cristalización puede aparecer antes de los -10ºC.

En los gasóleos, lo que cambia en las diferentes estaciones es el P.O.F.F. o Punto de Obstrucción de Filtro en Frío, por eso hay un diésel de invierno y otro de verano. El diésel está formado principalmente por moléculas lineales y estás poseen un elevado punto de congelación. Por lo tanto, en invierno a bajas temperaturas, estás moléculas con altos puntos de congelación cristalizarán en el tanque del combustible y obstruirán el filtro y por lo tanto no dejaría que llegue el suficiente diésel a la cámara de combustión. En verano, no hace falta quitar esas moléculas mientras que en invierno, si.

Lo que la industria desecha de plano es utilizar queroseno diluido en motores diésel, algo que sí podría dañar el motor. Esto se debe a que queroseno y diésel no realizan el mismo tipo de combustión, por lo que podría provocar daños irreversibles.

Un truco que funciona, en caso de que no dispongamos de uno de estos aditivos (a la venta en las gasolineras), es añadir al gasóleo un poco de gasolina, directamente en el depósito, aunque no se debe superar el 10% del total.

Más trabajo para la batería

En cuanto a la batería, hay que tener en cuenta es la batería, que cede capacidad para suministrar corriente alrededor de 0ºC. Es más, con el termómetro marcando -10ºC pierde la mitad de su potencia y dificulta el arranque. Si el circuito de refrigeración contiene agua o mucha proporción de ésta comenzará a congelar desde 0ºC, pero se mantendrá líquido hasta -35ºC/-40ºC si, como mucho, el refrigerante contiene la mitad de agua.

Como apunte adicional, un automóvil aparcado en la calle muestra prácticamente la misma temperatura exterior en su habitáculo. De ahí que cuando se acceda a él se encuentre tan frío estos días, sobre todo si pasa toda una noche a la intemperie, lo que obliga a conectar la calefacción al máximo. Y lo mismo a activar la resistencia eléctrica de la luneta posterior y, si la lleva, del parabrisas, para desempañar esas lunas. Todo esto incrementa el consumo de combustible.

El frío también toca de lleno a la presión de los neumáticos, que desciende conforme lo hace la temperatura exterior: unos 0,07 bares (1 psi) por cada 5ºC de bajada.

El contenido del depósito limpiaparabrisas congela a 0ºC si es agua o a desde -5ºC si se trata de líquido específico, mezclado o no con agua. Desde 0ºC se forma además hielo en cristales y escobillas de limpiaparabrisas que, ojo, pueden terminar pegadas al cristal.

Bombines y cerraduras también pueden congelarse, mientras que el aceite de motor tipo 20W-xx se vuelve más viscoso a partir de -10ºC/-15ºC, perdiendo propiedades lubricantes. No así los clasificados como 10W o menos, que mantienen la viscosidad inalterada hasta -40ºC (el 0W-xx). Afortunadamente, el combustible no congela hasta -80ºC/-90ºC, como también pasa con el líquido de frenos.

Coches 100% eléctricos

En los modelos totalmente eléctricos (en los híbridos apenas es perceptible) el frío acusado también pasa factura. De entrada, el aceite que lubrica la transmisión se espesa con la bajada del termómetro, lo que incrementa la fricción interna y provoca un descenso en la autonomía de sus baterías.

Pero es que además la última se ve trastocada (salvo en modelos contados) por el uso recurrente de la calefacción, que lógicamente implica un elevado consumo eléctrico (también lo hace en verano el equipo de aire acondicionado). Al final, es habitual que durante los meses más gélidos perdamos hasta un 25% de kilometraje entre repostajes.

Y eso que, en parte, se puede compensar precalentando el vehículo mientras se encuentra reponiéndose enchufado a la red eléctrica, pues la mayoría de estos vehículos permiten activar estas funciones (carga y precalentamiento, a modo de temporizador) desde app específicas instaladas en el smartphone.

Como ‘guinda’, la carga de las baterías también es menor: las temperaturas bajas afectan a la rapidez con la que fluye la energía, o lo que es igual, a la cantidad de ésta que se puede proporcionar para la aceleración y la rapidez con que recarga. Una batería fría también limita la función de frenada regenerativa, que la recarga de forma parcial en circulación.

Fuente: ABC